El Jesús de la Cena Conmemorativa

El Jesús de la Cena Conmemorativa

April 4th, 1982 @ 10:50 AM

I Corintios 11:23-26

EL JESÚS DE LA CENA CONMEMORATIVA Dr. W. A. Criswell I Corintios 11:23-26 4-04-82     10:50 a.m.   El mensaje de hoy se titula El Jesús de la Cena Conmemorativa y nuestra lectura es el relato de Pablo sobre la institución de esta ordenanza sagrada en 1 Corintios...
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1982, 1 Corintios

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EL JESÚS DE LA CENA CONMEMORATIVA

Dr. W. A. Criswell

I Corintios 11:23-26

4-04-82     10:50 a.m.

 

El mensaje de hoy se titula El Jesús de la Cena Conmemorativa y nuestra lectura es el relato de Pablo sobre la institución de esta ordenanza sagrada en 1 Corintios 11:23-26. 1ª Corintios 11, comenzando en el versículo 23:

 

Yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: «Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí». Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto—diatheke—en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí». Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa—katangelo—la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

 

Pablo menciona por primera vez aquí un retrato nocturno de nuestro Señor: ” La noche que fue entregado, tomó pan y habiendo dado gracias…” Eso es una cosa remarcable que el apóstol quiere hacer. Sobre el fondo oscuro de la medianoche, corre la cortina a un lado y nos permite ver a nuestro Maestro, que está en la noche. Un hombre puede ser algo en la luz resplandeciente de la mirada pública, en la cruda realidad de la luz del sol, pero puede ser una cosa totalmente diferente bajo el amparo de la noche, en la oscuridad de las vigilias de la noche. Así, el apóstol aparentemente descorre la cortina de la noche, para que podamos ver a nuestro Señor Jesús allí.

Jesús es igual que Dios el Padre—¡qué maravilloso aparece por la noche! En el Salmo 8, y en el Salmo 19 [versículo 1]: “Los mismos cielos publican,” declaran, katangelo, “la gloria de Dios”. Vemos su bordado, la obra de sus manos en las estrellas del firmamento. Por la noche, un ateo es un medio creyente en Dios. Fue en la noche cuando el Señor se apareció a Israel en una columna de fuego. Fue en la noche cuando el Señor vino a Salomón y le dijo, el versículo que todos nosotros hemos aprendido de memoria desde la infancia, 2 Crónicas 7:14: “Si se humilla mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oran,…” Y fue en la noche cuando el Señor se apareció al estadista – el profeta Daniel. En el capítulo 2 y en el capítulo 7 de este libro profético, dio a conocer el curso futuro de la humanidad hasta la consumación de los tiempos. Jesús es así. Cuando la cortina de la noche cae, vemos como nuestro Señor es en la noche, el mismo Salvador maravilloso. La Biblia dice que Él oró toda la noche. Las Escrituras dicen que Él vino a sus discípulos asustados en el mar tempestuoso, caminando sobre el agua en la noche Marcos 6:48]. Y durante la semana de su pasión, en el día enseñaba en el templo y por la noche moraba en el monte de los Olivos, en comunión con su Padre Lucas 22:39-40].

Así fue la última noche en su carne mortal. ¿Cómo la pasó? ¿Cómo fue? La pasa con sus apóstoles y les está dando fuerzas con palabras de consuelo: “No se turbe vuestro corazón, no os dejaré huérfanos” [Juan 14:1]. Él pasa la noche dando gracias a Dios: eucharisteo, la ” Eucaristía” la acción de gracias a Dios. Cantando salmos y diciendo palabras de aliento, cariño, orando la gran oración sacerdotal, y por último, asegurándoles su regreso: un retrato de Jesús en la noche.

Veamos de nuevo cómo Pablo escribe sobre nuestro Señor, el Jesús de este memorial: “La noche que fue entregado” [1 Corinthians 11:23]. Es una indicación poco usual. “¿Por qué no escribir “la noche de la Pascua”?

Él está comiendo esa Cena conmemorativa cuando instituye la Cena del Señor, ¿por qué no dice “la noche de la Pascua”? O ¿por qué no decir, “la noche en que lavó los pies de los apóstoles”? O ¿”la noche que oró en Getsemaní”? ¿Por qué no expresa, “la noche en que fue detenido y entregado a los romanos”? ¿Por qué no describe, “la noche en que fue juzgado ante el Sanedrín y ante Poncio Pilato”?  o ¿”la noche antes de ser crucificado”? ¿Por qué escribió, “la noche en que fue entregado”? ¿Podría ser que el apóstol no quisiera escribir una fecha y una hora, ya que presenta un retrato de nuestro tierno y amoroso Señor sobre el fondo oscuro de una traición? Juan dice que Satanás entró en Judas, en presencia del pecado encarnado, el Señor prepara y difunde esta mesa de gracia y bendición “en la noche en que fue entregado.”

Sobre el fondo oscuro de su traición, Pablo pintaría la imagen amorosa de nuestro Señor en tonos claros y precisos. Tal vez sea lo mismo que un retrato de Rembrandt. He visto esos Rembrandts en grandes galerías y museos de todo el mundo, y todos ellos están pintados igual. En vivo contraste de luz y color, Rembrandt pintaba un fondo negro oscuro y el rostro en relieve. Y los rasgos de la cara se destacan con una luz intensa sobre ese fondo negro oscuro. Es el mismo tipo retrato de nuestro amado Señor que Pablo está pintando, me parece. “La noche que fue entregado”, esa noche infame y negra, y allí está nuestro Señor y la institución de la gracia y el amor que nos salva de nuestros pecados.

La reacción de los apóstoles acerca de la traición de Judas fue amarga y hostil. Por ejemplo, Judas es nombrado más de veinte veces en la historia, y cada vez, sin excepción, seguido por este epíteto: “Judas, el que le entregó”. Nunca se le menciona, sin decir “el que lo traicionó”. Judas fue uno de ellos. Había seguido los pasos del Maestro con ellos a lo largo de los años de su ministerio público. Judas aparentemente era el más fiable: era el tesorero del grupo. Juan escribe: “Él tenía la bolsa” [Juan 12:6]. Era muy querido, esperado, se oró por él, educado en los caminos de nuestro amado Señor. Y el rechazo de los apóstoles a lo que Judas hizo es muy comprensible, ¿no os parece? Si hubiera sido un fariseo conspirando con Herodes para entregar a Jesús a la muerte, si hubiera sido un saduceo conspirando con Caifás, si hubiera sido un publicano conspirando con un soldado romano para repartirse el dinero y entregarlo a la muerte, habría sido comprensible. Pero ninguno de los doce.

Fijaos en la respuesta de nuestro bendito Señor. Decidme, en presencia del traidor, ¿no creéis que el Señor le hubiera entregado en un clímax vituperante de odio o de reprimenda o tal vez de maldición, así como maldijo la higuera y se secó? [Marcos 11:20]. ¿No habéis pensado que hubiera habido algún tono o gesto de denuncia en la voz y las palabras de nuestro Señor? ¿No es cierto? Había visto a Judas lo largo de los años. En el sexto capítulo del Libro de Juan, cuando la gente trató de hacer de Jesús un rey, fue a Judas a quien el Señor señaló como el diablo que le iba a entregar [Juan 6:70]. Cuando María de Betania rompió el vaso de alabastro, fue Judas quien dijo, en su codicia, porque era un ladrón:” ¿Por qué no se vende? Es un año de salario”  [Juan 12:3]. Jesús, vio todo esto, sabía todo esto. Y finalmente llega a su clímax, como un químico viendo el proceso hasta su consumación, o como un médico observando el curso de una enfermedad hasta su máxima agudeza.

¿No has pensado que Jesús hubiera dicho alguna palabra de implicación y denuncia en la presencia de un acto tan vil y atroz? Un retrato de Jesús sobre el fondo oscuro, ¿qué hizo? Al mismo tiempo que el traidor mojaba el bocado con Él en el plato, Jesús instituyó este memorial de la remisión de nuestros pecados.

Al mismo tiempo que el traidor esperaba la hora para ir a reunirse con sus compañeros de conspiración y entregarlo, Jesús estaba partiendo el pan a su lado. No puedo entender al Señor. Cuando el Señor le señaló y le dio el pan, Él habló tan amablemente al traidor que todos los demás apóstoles, excepto Pedro y Juan, que sabían lo que Jesús estaba haciendo, todos los discípulos pensaron que el Señor le estaba diciendo a Judas: “Recuerda a los pobres; da algo a los pobres”. En ese mismo momento, lo máximo que el Señor dijo a Judas fue: “lo que vas a hacer, hazlo pronto” [Juan 13:27]—como hablarías a un verdugo con el hacha levantada- “que sea rápido” y cuando fue entregado, todo lo que el Señor le dijo a Judas fue: “¿Mi hermano, mi amigo, con un beso me traicionas?” [Lucas 22:48]. Y eso es todo, el retrato de nuestro Señor sobre un fondo muy oscuro “la noche en que fue entregado.”

Me siento abrumado al leer y estudiar, la gracia abundante de Dios que cubre nuestro pecado. ¿No fue así en el jardín del Edén, cuando cayeron nuestros primeros padres y el Señor cubrió la trasgresión con su gracia, misericordia y amor? ¿No fue así en la parábola del profeta Oseas? Bajo el mandato de Dios, cuando su mujer se fue y se convirtió en una prostituta, se vendió a sí misma y, finalmente, en esclavitud, Dios dijo a Oseas: “Con amor, con ternura, cómprala de nuevo para ti. Y llévala de vuelta a tu seno”. Dios dice: “Estos somos yo y mi pueblo” [Oseas 3:1-2]. Ese es Dios, que cubre el pecado con la gracia. ¿No era nuestro Señor, cuando Simón Pedro maldijo y juró, diciendo: “Nunca lo vi. No le conozco” [Lucas 22:57], y el Señor se giró y fundió al apóstol con una mirada? La próxima vez que lo vio y habló con él, todo lo que Jesús dijo fue: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” [Juan 21:16]. ¿No fue así con el apóstol que escribe esto?:

“Saulo de Tarso, respirando amenazas y masacre contra el pueblo de Dios, en el camino a Damasco, para llevarlo a la cárcel y a la muerte; y el Señor le encuentra en el camino” [Hechos 9:1-5].

¿Qué dice el Señor? “Tú maldito traidor a la verdad y a la revelación de Dios, ¿para quién está reservado el fuego del juicio y el infierno?” ¿Él dijo eso? Cuando detiene, al amargo y vengativo Saulo de Tarso en el camino, Él le dice: ” Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Y cuando Saulo responde: “¿Quién eres, Señor?” Qué dice el Señor: ¿”Yo soy el gran omnipotente, todopoderoso que está listo para arrojarte a la condenación”? Él dice: “Yo soy Jesús de Nazaret”, el Jesús humano, nacido de una virgen, que trabajaba en el taller de carpintería de su padre y anduvo haciendo el bien: “Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues” [Hechos 9:5]. Oh, la gracia, la misericordia y la bondad de nuestro maravilloso Señor: un retrato de Jesús en la noche.

¿Veis una vez más cómo el Señor evalúa lo que es importante en su vida y ministerio, en su misión en la tierra? La conmemoración inusual que Él instituye: “Este es mi cuerpo, partido: comed en memoria de mí. Esta es mi sangre derramada: bebedla en memoria de mí” [1 Corintios 11:24-25]. La conmemoración es de su muerte. Bueno, Él es tan diferente a nosotros. Cuando conmemoramos, ponemos todo nuestro regocijo en los cumpleaños. Me invitan a un sinfín de fiestas y cenas que celebran cumpleaños, pero aún no he sido invitado a ningún tipo de celebración, una fiesta o una cena, que conmemore el aniversario de la muerte de alguien. Sin embargo, esto hace el Señor. Instituyó un memorial de su muerte.

Al leer las Sagradas Escrituras, hay muchos memoriales en la Biblia. En el libro del Éxodo, por ejemplo, en el capítulo 12 [versículos 1-14], la Pascua, Dios dice que es un memorial de la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud. En ese mismo libro del Éxodo, Dios le dice que escriba un libro y ensaya en los oídos de Josué una conmemoración, para destruir a los enemigos del Señor [Éxodo 17:14]. En ese mismo libro del Éxodo, hay un memorial descrito: piedras de ónice en los hombros del sacerdote, y en ellas los nombres de las doce tribus de Israel, para que Dios haga memoria de su pueblo [Éxodo 39:6]. En el Libro de Josué, cuando cruzaron el río Jordán, tomaron doce piedras y las pusieron en el otro lado, en Gilgal, para memoria cuando Israel pasara a la tierra prometida en el milagro de la división del río Jordán [Josué 4:1-7]. Cuando María de Betania rompió el vaso de alabastro, Jesús dijo: “Dondequiera que se predique el evangelio, esto se contará como un memorial para ella” [Marcos 14:9]. En el décimo capítulo del libro de los Hechos, el ángel dice que “las limosnas de Cornelio, el centurión romano, han llegado a Dios como un memorial en su presencia”. Todo tipo de conmemoraciones, pero ninguna como esta: el memorial de la muerte, la muerte de nuestro Señor, cómo Jesús evalúa su vida y ministerio y el propósito para el que vino a la tierra.

¿Os dais cuenta? Jesús no dijo: “Hazme un poderoso mausoleo para conmemorar mi último lugar de descanso”. Él nunca lo mencionó. Él no dijo: “Erigid aquí una alta columna de mármol donde pronuncié el Sermón del Monte”. Tampoco dijo: “Hacedme un monumento de granito, en el lugar donde di de comer a los cinco mil”. Lo que Él dijo fue: “Este pan y este cáliz conmemoran mi muerte por vosotros, para la remisión de los pecados”, un retrato de nuestro Señor en la cena.

Y bendito sea Dios, que este memorial está en los corazones de miles y miles, millones y millones de seres humanos, ayer, hoy y, de acuerdo a la promesa, hasta que Jesús venga de nuevo. Nunca dirigió un ejército conquistador. Nunca subordinó un poderoso imperio. Él nunca hizo ningún juicio del mundo contemporáneo en el que vivió que tuviera vestigio, faceta o insinuación de grandeza, fama o logro. No hay ni un historiador contemporáneo que mencione al Señor Jesús, ni siquiera uno. Están agotados con los Césares de Roma, o con los Herodes en Palestina, o con los juegos griegos, o las conquistas romanas, pero nunca pensaron acerca de Jesús; y sin embargo, hoy Él está consagrado en nuestros corazones para siempre. Hay humanistas y hay ateos que están haciendo todo lo posible para quitar el nombre de Jesús de las escuelas públicas, quitar la oración pública, e incluso desvincular a Cristo de la Navidad. Pero nunca lo conseguirán. Para destruir el nombre de Jesús de nuestra memoria, tendrían que destruir la mejor literatura y la mejor música y el mejor arte, habría que destruir nuestras propias leyes y la base de nuestra civilización occidental. Él es conmemorado en nuestros corazones, en amor, adoración y gratitud por siempre jamás.

Solo una cosa más en la institución de la Cena del Señor. ¿Veis el párrafo: ” Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa katangelo, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”? Katangelo, publicas, manifiestas abiertamente, declaras, predicas, proclamas el mensaje del evangelio de nuestro Señor. Incluso en esta última institución memorial y ordenanza, el Señor tiene en su corazón y mente nuestra salvación, para que el evangelio sea predicado. Hay muchas maneras de predicar el evangelio. Lo estoy haciendo aquí en el púlpito, en estos últimos años. Yo solía estar en la esquina y en una plaza predicando el evangelio. Predicamos el evangelio a través del testimonio personal: “Mi hermano, he encontrado al Señor. Ven, y démosle la bienvenida”. “My brother, I have found the Lord.  Come, and welcome too.”  We proclaim the gospel by singing.  We proclaim it by religious literature: a tract, an invitation, a brochure.  We proclaim the gospel by our holy living.  We proclaim the gospel by our giving tithes and offerings.  We proclaim the gospel on radio and on television.  He says, “This is a way of proclaiming, preaching, publicly declaring, openly demonstrating, dramatizing the gospel,” and I can easily see that.  This ordinance of the breaking of bread and the drinking of the cup has a universal language.  It speaks to the human heart.

Proclamamos el evangelio cantando. Lo proclamamos a través la literatura religiosa: un folleto, una invitación. Proclamamos el evangelio con nuestra vida santa, dando nuestros diezmos y ofrendas. Proclamamos el evangelio en la radio y en la televisión. Se dice: “Esta es una forma de proclamar, predicar, declarar públicamente, demostrar abiertamente, escenificar el evangelio”, y puedo verlo fácilmente. Esta ordenanza del partimiento del pan y del vino tiene un lenguaje universal. Habla al corazón humano.

Nuestro Señor, cuán maravillosamente bueno eres para nosotros. Oh, si tuviera la voz de un ángel para describir correctamente, apropiadamente, equitativamente la gracia, el amor y la misericordia del Buen Jesús. Pero Señor nuestro, toma estas frases de tartamudos, estas palabras débiles y que el Espíritu las lleve a los corazones de los que escuchan. Que haya en nuestras almas una respuesta extraña que responda con nuestras vidas: esto hizo Jesús por mí, ahora esto voy a hacer yo por él.