El Significado Para Nosotros Del Hombre Dios

Mateo

El Significado Para Nosotros Del Hombre Dios

April 5th, 1981 @ 8:15 AM

Mateo 27:39-43, 54

EL SIGNIFICADO PARA NOSOTROS DEL DIOS HOMBRE Dr. W. A. Criswell Mateo 27:39-43, 54 04-05-81  8:15 a.m.   Os habla el pastor de la Primera Iglesia Bautista de Dallas, con un nuevo sermón que pertenece a la serie de sermones doctrinales sobre cristología, la doctrina...
Print Sermon

Related Topics

1981, Mateo

Downloadable Media
Play Audio

Show References:
ON OFF

EL SIGNIFICADO PARA NOSOTROS DEL DIOS HOMBRE

Dr. W. A. Criswell

Mateo 27:39-43, 54

04-05-81  8:15 a.m.

 

Os habla el pastor de la Primera Iglesia Bautista de Dallas, con un nuevo sermón que pertenece a la serie de sermones doctrinales sobre cristología, la doctrina de Cristo. El título del mensaje es el Significado Para Nosotros Del Dios Hombre.

Como texto base, leeremos en Mateo 27, versículos 39 al 43, Mateo capítulo 27 comenzando en el versículo 39:

 

Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza,

y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.

De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.

[Mateo 27:39-43]

Ahora veamos el versículo 54:

 

El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente este era Hijo de Dios.

 

No puede negarse la dificultad de la concepción de que en una persona se unan ambos, el Dios verdadero y la verdadera humanidad, la verdadera divinidad y la verdadera humanidad de una persona. Esa dificultad presionó con una fuerza sin precedentes al pueblo judío. La razón de la epístola a los Hebreos, una de las cartas del Nuevo Testamento, fue que la pequeña congregación hebrea que había aceptado a Cristo, ahora estaba repudiándole y volviendo al judaísmo.

Era difícil para los judíos creer que el Dios Jehová era este hombre Jesús. No fue menos difícil para los discípulos que habían seguido al Señor. Ellos creían en la venida de un reino mesiánico terrenal, visible, material. Y cuando vieron a Jesús, su supuesto Mesías, crucificado y enterrado en esa tumba, sus esperanzas y visiones de un futuro de oro se desvanecieron en el polvo de la tierra, literalmente, enterrados. Fue solo después de la resurrección de Cristo de entre los muertos, no fue hasta después de su entrada triunfal en la vida inmortalizada, vencedor sobre la muerte y la tumba, que Tomás por el aspecto personal del Señor pudo decir: “¡Señor mío y Dios mío!” [Juan 20:28].

Pero después de que los apóstoles y los discípulos se convencieron de que Jesús era lo que dijo que era, el Dios verdadero y un verdadero hombre, tanto deidad como humanidad, cuando se convencieron de esto, ellos dieron su vida por la verdad. Todos, excepto Juan, fueron martirizados. Ellos predicaron un kerygma, el mensaje del evangelio y el anuncio que cambió el curso de la civilización y de la historia humana. Así que veamos el significado del Dios Hombre Cristo Jesús.

En primer lugar, la encarnación de Dios, la presencia de Dios en carne humana que nos ha traído la verdad, la sabiduría y el conocimiento en forma humana cálida, cercana y reconfortante. ¿Queréis saber la verdad de Dios? Mirad a Jesús. ¿Queréis aprender la sabiduría de los cielos? Sentaos a los pies de Jesús. Toda la sabiduría y todo el conocimiento se encuentran en Él, por ese motivo Pablo escribió el libro de Colosenses [2:3]. No estamos mirando hacia la filosofía o al misticismo subjetivo con el fin de encontrar la verdad de Dios. El Espíritu Santo no habla de sí mismo. La Biblia dice que Él nos señalará a Jesús [Juan 16:13-15]. Así que cuando salgo de mí mismo y mantengo los ojos en Él, existe una sanidad, fuerza, consuelo y ayuda que no se encuentra en ninguna otra corriente, de ninguna otra manera, en ningún otro clima, en ningún otro mundo.

Mi querido pueblo, si pudiera conseguir los temas de psiquiatría y psicología de todas esas personas que gastan grandes sumas de dinero en los médicos, tratando de sanar sus mentes, sus neurosis, sus psicosis, sus esquizofrenias y otros mil trastornos mentales, emocionales; si tan solo pudiera conseguir sacarlos de sí mismos y que miraran a Jesús, y pensaran en él, y amaran al Señor y confiaran en Él, todos estarían curados, todos ellos. Nuestra fe es siempre una fe objetiva. No consiste en mirarme a mí, sino en mirar a Jesús. Esa es una de las cosas que la encarnación de Dios, el Dios hombre, significa para nosotros. Es la verdad de Dios en una cálida forma humana.

Número dos, el significado del Dios hombre para nosotros, lo que la encarnación de Dios en Cristo significa para nosotros, el número dos, se refiere a que nos reveló a Dios en una nueva dimensión. Dios es revelado a nosotros como un precioso, amoroso y tierno Salvador que nos pastorea. Hablo sobre esto debido a la idea de Dios en la mayor parte de la estructura y la vida humana.

Yo estaba de pie una vez en Calcuta, en un templo en medio de un numeroso grupo de fieles que se encontraban delante de un ídolo. El ídolo tenía una mirada feroz, tan feroz como el escultor pudo cortar la piedra; estaba construido en piedra; tenía un aspecto terrible, los ojos, los dientes y las manos feroces. Así que me dirigí a uno de los que lo adoraban, uno de los hindúes, y le dije: “Dios tiene un aspecto terrible. Es muy feroz”.

Entonces él me respondió: ” Sí, por supuesto. Por eso le adoro. Le tengo miedo”. Feroz.

Muchos de vosotros habéis estado en Bangkok. Delante de cada templo en Bangkok están los feroces guardianes y guerreros. Solo su presencia infunde terror en el corazón.

Yo estaba en Oyo visitando al rey allí, en el corazón de África Central. Frente a su enorme edificio, había un santuario en la entrada, justo frente al acceso de su gran residencia. Era como la casa del diablo, donde se adoraba al diablo. Entonces yo le pregunté: “¿Por qué adoras al diablo?” Y él me dijo: “Porque a lo que pueda hacerme daño, le tengo miedo”.

Incluso en el Antiguo Testamento, Dios se revela a nosotros a través de su primer atributo primordial, el de la santidad inalcanzable, la santidad de Dios. Veréis que cuando nuestros primeros padres fueron expulsados ​​del Jardín del Edén, no podían estar en la presencia de un Dios justo y santo. Ellos fueron expulsados [Génesis 3:22-24].

Lo vemos en la entrega de los Diez Mandamientos y la Ley en el Sinaí. Las mismas montañas temblaron con el relámpago, el trueno, y el terremoto [Éxodo 19:18]. Dios está dando los mandamientos.

Lo vemos en el culto del templo. Hay un patio por aquí, otro por allí, luego hay un santuario y después un velo. Estos están limitados por esta pared, y estos por esta pared, y aquellos están limitados por esa pared, y estos por la puerta, incluso los sacerdotes están limitados por el velo. Más allá del velo en el santuario de Dios, solo el sumo sacerdote, una vez al año, se atrevió a entrar con la sangre de la expiación [Hebreos 9:3-7]. Sin embargo, la encarnación de Dios nos ha traído una nueva dimensión: Dios como pastor, tierno y cariñoso, un Salvador, que caminó entre los hombres y vivió nuestra misma vida.

Miremos un momento la clase de Dios que se nos ha revelado en Cristo Jesús. Nacido en un establo, acostado en un pesebre, rodeado de vacas y rebaños [Lucas 2:12-16]. Hasta los pastores ignorantes se sienten como en casa en presencia del niño de Belén. Cualquiera puede acercarse a un pesebre dentro de un establo. Miremos a su ministerio: Haciendo el bien, amando a los niños pequeños, sosteniéndolos en sus brazos y bendiciéndolos, predicando el evangelio de las buenas nuevas a los pobres, sanando a los enfermos, atendiendo a los que sufren, el Señor Jesús [Mateo 11:4-5]. Y el consuelo de la bendita, bendita revelación de Dios en Cristo Jesús es nuestra para siempre.

Tengo tres pasajes en Hebreos que quiero subrayar. Podemos subrayar todo el libro de Hebreos, pero quiero que marquemos estos tres. Vayamos a Hebreos capítulo 2, los dos últimos versículos, Hebreos capítulo 2, versículos 17 y 18:

 

Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.

Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

[Hebreos 2:17-18]

Ahora, el segundo, vayamos al capítulo 4, los dos últimos versículos, versículos 15 y 16. Hebreos 4:15 y 16:

 

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

[Hebreos 4:15-16]

Él sabe todo acerca de nosotros. Él vivió nuestra vida y nos invita a acercarnos confiadamente. Ahora, el tercero es en Hebreos 12, Hebreos 12, comenzando en el versículo 18.

Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto.

[Hebreos 12:18-24]

¡Oh, el consuelo y la fuerza de saber que Dios es nuestro amigo, nuestro pastor, y nuestro Salvador! Es nuestro compañero de peregrinaje y Él nos fortalece siempre.

Más de un enfermo en las vigilias solitarias de la noche ha sentido su presencia. Hubo una frase que el pastor dijo en el funeral de mi padre que ha quedado en mi mente a lo largo de todos estos años. Él dijo que cuando fue a ver al Sr. Criswell en el hospital, donde murió él le expresó: “Pastor, las noches son largas y solitarias, pero Jesús está conmigo.”

Esa frase ha quedado en mi mente. Hay muchas almas que han agonizado y han sido consoladas con el recuerdo de Getsemaní [Juan 17:1-26]. Hay muchos mártires que han dado su vida dando palmas de alegría y cantando canciones de alabanza, recordando la crucifixión de nuestro Señor [Mateo 27:32-50]. Dios se revela a nosotros en una nueva dimensión en Cristo, un pastor, un Salvador, uno que fue probado en todos los puntos como nosotros, aunque Él sin pecado. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” [Hebrews 4:16].

Número tres, el significado para nosotros del Dios hombre, solo Dios puede perdonar los pecados, y solo Dios puede hacer expiación por nuestros pecados. ¿Qué puede llevarse el pecado? ¿Cómo puede la mancha ser lavada de nuestras almas? ¿Podría la sangre de toros y machos cabríos lavar el pecado? ¿Podría incluso el sacrificio de nuestros hijos e hijas limpiarnos el pecado? ¿Recordáis el clamor del corazón de Miqueas, en Miqueas capítulo 6, versículos 6 y 7?

 

¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?

¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?

[Miqueas 6:6-7]

¿Qué puede perdonar los pecados? ¿Pueden los grandes santos de Dios y los líderes del mundo morir por mí? ¿Pagar la pena de mi muerte y juicio? ¿Podría morir Moisés por mí? ¿Podrían David, Daniel o Samuel morir por mí? ¿Podrían Pedro, Santiago, Pablo expiar mis pecados?

O los grandes del mundo, que han caminado a través de las páginas de la historia humana, los héroes de la guerra de Alejandro Magno a Napoleón, ¿podrían morir por mí? Los poderosos intelectos que escribieron nuestra literatura de Homero a Shakespeare. ¿Shakespeare podría morir por mí? Los grandes hombres de ciencia, ¿podría morir un Einstein por mí, un ateo? ¿Podrían los grandes líderes políticos o líderes económicos del mundo morir por mí?

Mi hermano, es el preeminente carácter de Cristo el que da salvación eficaz con su obra expiatoria. Esto es debido a quién fue. Es porque Él era Dios que Él fue capaz de hacer expiación por nuestros pecados. Y la aceptación del sacrificio se debe a que era Dios mismo haciendo expiación. Y cuando las Sagradas Escrituras dicen: “Jesús pagó la muerte por todos” [Hebreos 2:9], significa que Él tomó en sí mismo, en su propio cuerpo la pena del juicio de nuestros pecados. Los sufrimientos de Cristo, conocidos y desconocidos, que no podemos cargar. Dios pagó la pena por nuestros pecados.

Cuando Job sufrió, Satanás fue contenido. Dios le dijo a Satanás: “Puedes quitarle todo lo que tiene, pero no lo toques” [Job 1:12]. Y, de nuevo, “Satanás, puedes afligirle, pero respeta su vida” [Job 2:6].

Pero con Cristo no había reserva. No hubo exclusión. No había límites y Satanás le afligió más allá de lo que podamos imaginar. Insultado, escupido, azotado, ridiculizado, repudiado, clavado en una cruz [Mateo 27:30-50]. Isaías 52, en el último versículo, dice: “De tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer” [versículo 14]. Isaías 53:11 dice: “Verá el fruto de la aflicción de su alma…” Esa es la expiación por nuestros pecados. Solo Dios puede hacerlo. Ese es el significado del Dios Hombre.

Por último, la encarnación de Cristo, su humillación y sufrimiento no le quitan su gloria. Más bien su humanidad y su sufrimiento sirvieron para una gloria mayor. Tenía gloria, dice la Biblia, antes de que el mundo existiera.

Pero esta es una gloria diferente, una gloria agregada; su encarnación, su sufrimiento, su muerte y resurrección. Esa otra gloria, la gloria que tenía antes de que el mundo fuese [Juan 17:5], era la gloria de la deidad incomunicable, la santidad inaccesible, la gloria de Dios en su trono en el cielo.

Pero esta es la gloria de ser el Salvador y la cabeza de una humanidad redimida. No podemos exaltarle lo suficiente.

Esta gloria fue añadida al Señor, porque Él sufrió por nosotros, y nos redimió y nos hizo hermanos y hermanas en la familia de la fe. Es una gloria acerca de la cual predicamos y cantamos, nos gloriamos en ella, en la vida, en la muerte y algún día en el cielo para siempre: “Digno es el Cordero” [Apocalipsis 5:12]. Ese es el gran mensaje del evangelio que predicamos.

Cuando un hombre predica a Cristo, predica un mensaje de liberación y elevación, alegría, victoria y triunfo, la gloria de nuestro Señor. Si todo el mundo fuese un vaso de alabastro, incluido el cielo, Él es digno de que este se rompiera y vertiera sobre él. No podéis exaltarle lo suficiente.

No podéis exaltarle lo suficiente. No podéis predicar lo suficiente. No podéis cantar sobre él lo suficiente. No podéis amarle o servirle lo suficiente. Él es el gran Dios y Salvador Cristo Jesús, el Dios Hombre.

Nuestro Señor, si tuviéramos la elocuencia para alabarte más maravillosamente, para cantarte de forma más melodiosa, para servirte y honrarte más fiel y amorosamente. Oh Dios, revélate a ti mismo a nosotros en el humilde, tierno y pastoral Señor Jesús; nuestros corazones fluyen en abundancia de alabanza y amor. Gracias a Ti Señor por morir en nuestro lugar, perdonando nuestros pecados, y esperándonos en gloria.