La Diferencia Entre la Iglesia y el Reino

Mateo

La Diferencia Entre la Iglesia y el Reino

April 25th, 1982 @ 8:15 AM

Mateo 13:11

43- LA DIFERENCIA ENTRE LA IGLESIA Y EL REINO El Dr. W. A. Criswell Mateo 13:11 25/04/82 08:15 a.m.   El mensaje de esta mañana se titula La Diferencia Entre La Iglesia Y El Reino. En el capítulo trece del primer Evangelio, según San Mateo, el...
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43- LA DIFERENCIA ENTRE LA IGLESIA Y EL REINO

El Dr. W. A. Criswell

Mateo 13:11

25/04/82 08:15 a.m.

 

El mensaje de esta mañana se titula La Diferencia Entre La Iglesia Y El Reino. En el capítulo trece del primer Evangelio, según San Mateo, el Señor dijo a sus apóstoles y discípulos, en el versículo once: “Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no les es dado”. Ellos no lo ven, pero nosotros sí. Ahora, mientras escucháis este mensaje, podéis señalar, colocar el dedo o poner una cinta aquí, porque vamos a mirar de cerca este capítulo, todo el capítulo trece de Mateo.

El reino de Dios, el reino de los cielos y la iglesia de nuestro Señor Jesucristo: ¿Cuál es la diferencia entre ellos? El reino de Dios es eterno, universal, el reino del gran Creador en el cielo, donde está todo incluido: Va desde la eternidad y hasta la eternidad. Incluye toda la creación de Dios: Incluye todos los tiempos, toda la materia creada, todas las cosas en el cielo, las huestes de ángeles. Incluye todas las cosas de la tierra, la humanidad. Y dentro del reino de Dios, finalmente se unirán todas las cosas, aun el reino de los cielos. El reino de Dios incluye todo desde la eternidad y hasta la eternidad. El salmista dice, en el Salmo 103:19: “Jehová estableció en los cielos su trono y su reino domina sobre todos”. Entonces continúa: “¡Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra obedeciendo a la voz de su precepto!¡Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos que hacéis su voluntad! ¡Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío!” Esta es una referencia al reino de Dios; es por siempre y para siempre, desde la eternidad y hasta la eternidad. En el capítulo 15 de 1 Corintios, comenzando en el versículo 24, Pablo escribe:

 

…luego el fin, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y todo poder. Preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.

[1 Corintios 15:24-25]

 

Esta es una referencia al reino de Dios en el que se fusiona toda la creación, la iglesia, el reino de los cielos, las huestes celestiales, la historia de la humanidad, todo será finalmente entregado a Dios. El reino de Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad, desde la eternidad hasta, a través de todos los tiempos, la eternidad que está por venir.

El reino de los cielos es el reino mediador de Cristo en esta tierra. Tiene que ver con la humanidad. Se le podría llamar “la esfera de la influencia de Cristo”, lo que podríamos denominar, la cristiandad. En el reino de los cielos existe el bien y el mal, hay cizaña y hay trigo. El reino de los cielos es la influencia del reinado de Cristo en la tierra, en nuestro tiempo, y tiene que ver solo con la humanidad. El reino de los cielos está aquí, en nuestra presencia, en medio de nosotros, y es lo que podríamos llamar la “cristiandad”, donde se conoce el nombre de Cristo.

La iglesia es una entidad totalmente diferente, la iglesia es el cuerpo de Cristo. Es la presencia de nuestro Señor visiblemente expresada en esta época, en este momento, en esta dispensación. La iglesia es la ekklesía, el grupo “llamado” en la tierra y que tiene la misión de predicar el evangelio para ganar a los perdidos, para edificar la fe, la familia de Dios. En las Escrituras, se hace una distinción muy cuidadosa, poniendo a la iglesia aparte. Por ejemplo, en 1 Corintios, capítulo 10 versículo 32, Pablo escribe: “No seáis tropiezo ni a judíos ni a gentiles ni a la iglesia de Dios”. La iglesia es puesta a un lado muy cuidadosamente como una ekklesia significativa, separada, un grupo “llamado”. Hay tres grupos en el mundo que Pablo distingue: los judíos, los gentiles y la iglesia.

Ahora la iglesia tiene un lugar inusual de honor en la presencia de nuestro Señor. En el capítulo 19 del libro del Apocalipsis, la cena de las bodas del Cordero, se describe así:

 

Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas y como la voz de grandes truenos, que decía: «¡Aleluya!, porque el Señor, nuestro Dios Todopoderoso, reina. Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente.

[Apocalipsis 19:6-8]

 

Esa es la iglesia, esa es la novia de Cristo. Esa es Su esposa en la cena de las bodas del Cordero cuando nuestro Señor venga. ¡Qué gran privilegio y honor ser la novia!

También hay otro grupo, en el versículo 9: “Y el ángel me dijo: Escribe: “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero”. En Juan 2:2, ¿recordáis? El Señor y sus discípulos fueron kaleo, llamados, fueron invitados a la boda en Caná de Galilea. No eran la novia, eran kaleo, se les invitó a ser partícipes de la boda, eran invitados a la boda. Esa es la misma palabra que se usa aquí: “Bienaventurados los que son kaleo, invitados a la cena de las bodas del Cordero”. La novia es la iglesia, distinguidamente honrada, glorificada y bellamente ataviada, magnífica y gloriosa. Pero también hay invitados a la cena de las bodas del Cordero. Yo creo que esas personas son todos los que fueron salvos en la antigua dispensación. Por ejemplo: Juan dijo, en el tercer capítulo de su evangelio: “El que tiene a la esposa es el esposo; pero el amigo del esposo, el que está a su lado y lo oye, se goza grandemente de la voz del esposo” [Juan 3:29]. Hay invitados a la cena de las bodas del Cordero: Abraham, Isaac, Jacob, los profetas, todos los patriarcas del antiguo pacto. Pero la novia es la iglesia. La iglesia tiene un honor especial y distintivo en la presencia de nuestro Señor. “Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella” [Efesios 5:25]. Con todo el honor que Dios ha concedido a los patriarcas, a Abraham, a todos los profetas, no hay honor, como el que el Señor concede a su Iglesia: somos la novia de Cristo.

Ahora, vamos a buscar en las Escrituras el reino de los cielos y la iglesia, y a ver lo que Dios dice de estas dos entidades que están presentes en el mundo. En primer lugar, el reino de los cielos: Volvemos al capítulo 13 del Evangelio de Mateo. Hay ocho parábolas explicadas aquí acerca del reino de los cielos, cuatro de ellas fueron contadas a la multitud y las otras cuatro Jesús las contó en privado a sus discípulos. Las cuatro que cuenta a las multitudes presentan el reino de los cielos en su forma exterior, cómo se ve cuando lo miramos. A continuación, las cuatro parábolas que se les dice a los discípulos en privado, presentan el reino de Dios como Dios lo ve, en forma misteriosa, en el secreto del corazón de Dios. Consideremos primero el reino de los cielos como lo nosotros lo vemos abiertamente, las cuatro parábolas del reino que explicó en presencia de la multitud. “El reino de los cielos”, dice, “es como un sembrador que salió a sembrar…” comenzando en el versículo 3 del capítulo 13:

 

El sembrador salió a sembrar. Mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero cuando salió el sol, se quemó y, como no tenía raíz, se secó. Parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.

[Mateo 13:3-9]

 

Esta es la recepción del reino de los cielos, la predicación del evangelio en los corazones de los hombres. Nunca pienses – no de acuerdo a la Palabra de Dios – que todo el mundo va a responder. Esa es la doctrina de la post-milenialismo, y es una doctrina muerta. Cuando yo era niño, todo el mundo lo creía, todos los predicadores lo predicaban. Cuando yo era niño, nunca escuché a un predicador que no predicara el post- milenarismo: “Vamos a predicar el reino de Dios. Vamos a ganar a todo el mundo para Jesús, todo el mundo va a ser salvado por la predicación del evangelio”. ¡Oh, me gustaría que fuera verdad! Esta es la más reconfortante de todas las herejías que he oído en mi vida. ¡Qué lástima que esa aberración no sea verdad! Pero Dios nunca dijo eso, el predicador lo dijo. Dios dice que cuando se predica la Palabra, habrá uno que permitirá que las aves del cielo, Satanás y sus ángeles, la saquen de su corazón. Habrá uno que escuchará, pero luego se irá hacia otro lado. Habrá uno que será conmovido, pero todas las preocupaciones del mundo la quitarán de su corazón. Pero habrá alguien que escuche, dé la vuelta, se arrepienta y se salve. Y ese es un consuelo para mí. Puede que no gane a todo el mundo cuando trato de predicar el evangelio, pero Dios siempre me dará algunos. Esa es la primera parábola sobre cómo vemos aquí en el mundo el reino de los cielos.

Ahora, la segunda es la parábola de la cizaña: Hay un sembrador que siembra trigo [Mateo 13:24-30]. Y el trigo crece, pero cuando el trigo crece, se ve a la cizaña creciendo con él. Entonces se hace la pregunta: “¿De dónde proviene esta cizaña?” Y la respuesta está en el texto comenzando en el versículo 24: “Un enemigo lo hizo, Satanás la sembró”. Esa es una de las fatalidades más tristes que conozco en la vida: la siembra de Satanás.

Escuché la semana pasada una lamentable situación en una casa que es muy típica. Hay un niño, que ha sido educado en el camino del Señor, ha ido a la escuela dominical y a la iglesia todos los días de su juventud, y ha asumido un trágico compromiso, ha roto el corazón de su padre y su madre. Pues ¿de dónde viene eso? ¿Acaso el padre, la madre, la familia y la iglesia no sembraron la semilla de la Palabra en el corazón del niño? ¡Sí! Pero hay también un sembrado de Satanás, es universal.

La tercera parábola, donde vemos a Dios, presentando el reino de los cielos en este mundo, es la parábola del grano de mostaza [Mateo 13:31-32]. El reino de los cielos crecerá prodigiosamente, dijo nuestro Señor, abarcará a millones y millones e incluirá reyes e imperios, pero en sus ramas se posarán todo tipo de aves sucias. No puedo imaginar nada más cierto que esto, si leéis la historia de la iglesia: Este es el reino de los cielos como lo vemos en este mundo con nuestros ojos.

Una cuarta parábola es la parábola de la levadura [Mateo 13:33]. El reino de los cielos es semejante a la levadura. La levadura es siempre un signo y un símbolo del mal. “Guardaos”, dijo el Señor, “de la levadura de los fariseos” [Marcos 8:15]: esto es el exteriorismo de la religión. “Guardaos de la levadura de los saduceos” [Mateo 16:6]: esto es la negación de lo sobrenatural en la religión. “Guardaos de la levadura de los herodianos” [Marcos 8:15]: esto es lo mundano en la religión. Cuando el pueblo judío celebra su Pascua, recorren la casa [Deuteronomio 16:4], y luego salen delante de Dios diciendo: “Si hay levadura en la casa, no me he dado cuenta”. El reino es semejante a la levadura. Bueno, ¿cómo puede ser semejante a la levadura? Porque a medida que crece y se expande, es como la semilla de mostaza. El árbol enorme es un lugar de descanso para todos los pájaros sucios e inmundos, así es en el reino de los cielos a medida que crece en la tierra. Tiene todo tipo de errores, todo tipo de herejías, todo tipo de compromisos y maldad. ¿No es una tragedia? ¿No es triste? Cuando el hermano Ed Pool predicó, habló de una de estas herejías que crecen en el reino de los cielos. Es universal, es de esta manera como lo vemos en la tierra.

Ahora, cuando el Señor entró en la casa, en secreto y en privado explicó estas cuatro parábolas a sus discípulos. En primer lugar, en el versículo 44: La parábola del tesoro escondido en el campo [Mateo 13:44]. Es un secreto del corazón de Dios, un musterion, es como Dios ve desde arriba el reino de los cielos. La parábola del tesoro escondido en el campo es Israel escondido entre las naciones del mundo: Esta parábola es Ezequiel 37. Israel, escondido entre las naciones del mundo, es levantado por el Señor, un gran pueblo vivo delante de Su vista.

Bueno, eso es parte del musterion de Dios, y por eso el versículo de Romanos 11:26: “Y luego todo Israel será salvo”. Esa es una parte del misterio de Dios. Dios tiene un gran plan y un gran programa que incluye a Israel. Y esta primera parábola que, en secreto, clandestinamente, contó a los apóstoles, se refiere a Israel. Israel es el tesoro escondido en el campo, enterrado entre las naciones del mundo y Dios la va a salvar.

La segunda parábola: La parábola de la perla de gran precio. Habréis visto a un sinfín de predicadores, ponerse de pie y decir que la perla de gran precio es nuestra salvación, que es nuestra elección del reino de los cielos. Bueno, mi hermano, no compramos nuestra salvación. Nuestra salvación es un regalo, el reino de los cielos es un regalo para nosotros. Es algo que Dios hace por nosotros. “El reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, cuando encontró una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” [Mateo 13:45-46]. Esa es una parábola de lo que Jesús ha hecho por nosotros, nos compró con su propia sangre. No somos nuestros, hemos sido comprados por precio. Y ¿puedo señalar una de las facetas de la belleza de esta parábola?

Así que el reino de los cielos es semejante a una perla. Bueno una perla es la única joya que no está hecha mecánicamente, sino que está hecha por un pequeño animal vivo. También es el resultado de una herida, de un trauma. Y cuando el capítulo 21 del Apocalipsis dice: “Y las puertas del cielo son cuatro a cada lado, cuatro puertas a cada lado, y cada una es una perla sólida” [Apocalipsis 21:21], lo que Dios nos está diciendo es el secreto de que entramos al cielo a través del trauma,  la sangre, el sufrimiento, el sacrificio, la cruz, los sollozos y las lágrimas de nuestro bendito Señor, a través de una puerta hecha de perlas. Este es el significado de esta parábola: Es una parábola de lo que hace Jesús para salvarnos de nuestros pecados.

La tercera parábola es la de la red [Mateo 13:47-50], y esa es la parábola de la gran separación, el gran juicio. Ya sabes, la teología puede estar equivocada cuando escuchamos a un hombre de Dios predicar, pero su ejemplo, lo que dice, puede ser espiritualmente cierto. Cuando era joven, fui a una asociación bautista en el sur de Indiana y mientras estaba sentado allí, escuché a un viejo predicador bautista. Pude encontrar a ese hombre tiempo después, habían pasado cincuenta y cinco años o algo así. Tenía el pelo tan blanco como la nieve, blanco como la lana, y largo. Y mientras predicaba, esto es lo que decía: “Yo hago servicios fúnebres y la familia viene y llora y llora sobre el ataúd, diciendo:” Adiós marido, adiós’ o ‘adiós querida esposa, adiós’ o ‘adiós querido amigo, adiós… adiós, hijo mío, adiós”. “Pero eso no es un adiós” – él dijo-. El adiós será en el gran día del juicio de Dios todopoderoso, cuando el Señor separe a los perdidos de los salvos. Y cuando se haga esa separación, y la mujer diga a su marido perdido: ‘Adiós, nunca volveré a verte’, ese será el adiós”. Ahora que he estudiado la Palabra de Dios, no creo que el día del juicio sea así; pero el espíritu de ese viejo predicador de pelo blanco es eternamente verdadero. Se establece una separación entre los perdidos y los salvos. Los perdidos serán echados fuera y los salvos serán reunidos en el reino de Dios. Esta es la parábola del gran juicio del Todopoderoso.

A continuación, la cuarta, se refiere a los tesoros nuevos y viejos [Mateo 13:51-52], significa que Dios nos habla a nuestros corazones y nos revela la verdad del antiguo pacto, de todos esos arquetipos, símbolos y rituales. Y los tesoros nuevos significan las cosas nuevas y viejas, que Dios nos enseñará.

Querido pueblo, sentarse a los pies del Señor y ser enseñados por el Espíritu Santo es uno de los privilegios más preciados en el mundo. Dios hará esto contigo, si le dejas. Él hablará a tu corazón desde las páginas sagradas, tesoros nuevos y viejos y nos revelará las cosas que están por venir.

Nuestro Señor en el cielo, abre nuestros corazones y nuestras mentes a la verdad de Dios. Mientras leemos las Escrituras, háblanos. Señor, muéstranos los misterios de las riquezas de la gracia de Dios en Cristo Jesús. Luego, que en nuestras vidas, permitamos que el Señor camine en medio de nosotros reflejando a nuestro Señor precioso, glorioso y salvador.