La Iglesia Que Jesús Edifició

Mateo

La Iglesia Que Jesús Edifició

January 10th, 1982 @ 8:15 AM

Mateo 16:8

LA IGLESIA QUE JESÚS EDIFICÓ Dr. W. A. Criswell Mateo 16:8 1.10.82        8:15 a.m.   Hoy os traigo el mensaje titulado La Iglesia Que Jesús Edificó. Uno pensaría que no hay texto en la Biblia más famoso o más frecuentemente utilizado que el de Mateo, capítulo 16,...
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LA IGLESIA QUE JESÚS EDIFICÓ

Dr. W. A. Criswell

Mateo 16:8

1.10.82        8:15 a.m.

 

Hoy os traigo el mensaje titulado La Iglesia Que Jesús Edificó. Uno pensaría que no hay texto en la Biblia más famoso o más frecuentemente utilizado que el de Mateo, capítulo 16, versículo 18: “Y yo también te digo que tú eres petros, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”. Es algo que Jesús lleva a cabo, Él lo hace. “Y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”

“Sobre esta petra, esta piedra fundacional…” – Pedro es un petros, es una piedrecita que se podría arrojar, pero petra es la gran plataforma fundacional sobre la que nos encontramos en esta tierra. Eso es petra: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente…” [Mateo 16:16]. y sobre esta confesión edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.

“Las puertas del infierno” que es la muerte, el fuego, el martirio, “no podrá katischuo“. Kata significa “hacia abajo o en contra”; ischuo significa “ser fuerte, tener poder”. Así que las puertas del infierno, las puertas de la muerte no podrán mantenerla oprimida. Nace, vive, tiene una inmortalidad eterna. Todas las demás instituciones en el mundo están enterradas en la muerte, ya sean políticas, nacionales o sociales. Y todas las demás relaciones que hacemos en la vida se disuelven en la muerte. El rey no será rey cuando muera. El magnate ya no será un gran magnate financiero en la tumba. Y una estrella, ya sea en Hollywood o en Broadway, no brillará en el reino de la muerte. Todas las relaciones que formamos en la vida se disuelven en la muerte. Solo hay un lugar en el que la relación vive para siempre, esas son las relaciones que hacemos en la iglesia. Las puertas del infierno no podrán mantenerla oprimida: nace, vive para siempre.

La iglesia que Jesús edificó tiene una vida y una inmortalidad, no por un nombre propio escogido, no debido a un cierto tipo de historia, sino que la iglesia de Jesucristo tiene vida sin fin, inmortalidad, eternidad, debido a sus principios característicos fundamentales, su constitución. Así como tengo cinco dedos en la mano, también hay cinco grandes artículos de la fe, los principios constitucionales fundamentales que siempre y por siempre caracterizan a la iglesia del Cristo vivo. Los nombro:

Número uno, el artículo de la fe, la característica constitucional de la iglesia que Jesús edificó, número uno: su única autoridad para la fe, para la doctrina y para la práctica se encuentra en las Sagradas Escrituras, siempre. La última parte del libro de Lucas dice:

 

Jesús les dijo: —Estas son las palabras que os hablé estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos

 

—en la Torá, en el Nevi’im, y en el Ketubim, las tres grandes partes del Antiguo Testamento.

 

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos al tercer día; y que se predicara en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.

 [Lucas 24:44-48]

 Según las Escrituras, Cristo nació [Mateo 1:23-2:1]. Según las Escrituras, Cristo murió. Según las Escrituras, fue sepultado. Según las Escrituras, fue resucitado de entre los muertos [1 Corintios 15:3-4]. Según las Escrituras, Él construyó su iglesia y la comisionó [Mateo 28:18-20]. Según las Escrituras, Él está a la diestra de Dios [1 Pedro 3:22]. Según las Escrituras, Él viene otra vez [Hechos 1:11]. Y arrebatará a la iglesia para sí [1 Tesalonicences 4:16-17], de acuerdo con las Escrituras.

En los tiempos del Nuevo Testamento, en los días de los apóstoles, la doctrina, la didache, como dice Hechos [2:42], era oral. Es por eso que los evangelios sinópticos son sinópticos: suenan igual. Se trata de una tradición oral. Se habló de boca en boca. Entonces se escribió y se convirtió en lo que llamamos el Nuevo Testamento. En los días de los apóstoles, la doctrina de la iglesia era hablada por ellos. Después de los días de los apóstoles, por el Espíritu Santo, fue escrita, y la leo aquí en la Biblia. Esto es de acuerdo al modelo de Cristo. Se dio la vuelta a las Escrituras. En el quinto capítulo del libro de Juan, “Escudriñad las Escrituras” [Juan 5:39], dice. Era el patrón de los apóstoles. El apóstol Pablo en Hechos 17, dice de los de Berea: “Estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” [Hechos 17:11]. La iglesia que Jesús edificó se funda en la autoridad de la Palabra de Dios escrita. “El cielo y la tierra pasarán, pero la Palabra nunca pasará”. Mi verso favorito: ” La hierba se seca y se marchita la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre”. [Isaías 40:8]. Y esa es la palabra fundamental constitucional sobre la que se construyó la iglesia.

En los días y los siglos que siguieron después, en una acumulación de superstición y escombros, la iglesia se apartó de la verdad de Dios. Y en la Gran Reforma fue traída de vuelta a la Biblia con un tema que suena verdadero para siempre: “Sola Scriptura: nada más que la Palabra, solo la Palabra”. La primera gran característica fundamental de la iglesia que Jesús edificó es, se funda en y está construida sobre la Palabra eterna del Dios eterno.

El segundo gran artículo característico, fundamental, constitucional de la fe, de la iglesia que Jesús edificó es el sacerdocio de cada creyente. En Mateo 27:51 dice: “Entonces el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo”, no desde abajo hasta la parte superior, como si los hombres lo hubieran hecho, sino desde la parte superior hasta la parte inferior como si Dios lo hiciera. Y el santuario, el sanctasanctórum, el hueco interior donde Dios habita [Éxodo 25:8], donde Isaías vio al Señor alto y sublime [Isaías 6:1], donde el trono de Dios fue abierto para acceder libremente. Ya no hay necesidad de un sacerdote o de un intermediario. Cualquier persona, en cualquier lugar, puede entrar en la presencia de Dios por medio de la sangre de Cristo, por la gracia redentora de nuestro Señor, cualquier hombre en cualquier lugar puede entrar en la presencia del Dios grande, alto, por sí mismo. Y puede hacerlo en cualquier lugar [Hebreos 10:19]. Una esquina de la cocina es tan buena como una catedral de oro. Puede estar delante de Dios como su propio sacerdote. Él puede ser testigo de la gracia del Señor Jesús. Puede ofrecer sacrificios de alabanza y de acción de gracias. Ese es el segundo gran artículo característico y fundamental de la fe, de la iglesia que Jesús edificó. No existe un sistema sacerdotal en ella. Cada hombre es su propio sacerdote, él puede venir a Dios por sí mismo y hablar con Dios cara a cara en el nombre y en la gracia de nuestro Señor Jesús.

Un tercer gran artículo característico, fundamental de la fe de la Iglesia de Jesucristo consiste en que es un organismo vivo de personas regeneradas, nacidas de nuevo. Es una membresía regenerada.

Entonces Pedro se levantó y predicó, y dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para, eis, ” eis “, para perdón de los pecados… porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llame… Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42: Y perseveraban en la didache de los apóstoles,

[Hechos 2:38-42]

 

en la doctrina de los apóstoles, en la revelación de la verdad de Dios ya escrita en las Sagradas Escrituras. Así que es un miembro de la iglesia regenerada llamada ekklesia, es un llamado – es un grupo de elegidos del pueblo de Dios.

En el principio, Dios eligió, por encima de todos los otros animales sensibles que creó, al hombre. Y Noé fue elegido por encima de todos los antediluvianos [Génesis 6:7-8, 7:23]. Y Abraham fue elegido de un mundo de idolatría  [Génesis 12:1-3]. E Israel fue elegido entre todos los pueblos de la tierra, y sobre Edom, Esaú [Génesis 25:25, Romanos 9:12-13]. Y Judá fue el elegido de los hijos de Jacob [Génesis 49:8-10]. David fue elegido por encima de todas las familias de Judá  [1 Samuel 16:12-13]. Y Belén fue elegida entre todas las ciudades de Israel [Miqueas 5:2]. María fue elegida entre todas las hijas de la familia de Dios [Lucas 1:26-35]. Y tú has sido elegido, has sido llamado, ekkaleo, para ser parte de la ekklesia. Oh Señor, cuán grande y misericordioso eres para con nosotros. De todos los pueblos de la tierra, Dios nos ha escogido para ser parte de su familia redimida [Juan 3:3, 7]. Nosotros pertenecemos a la iglesia de Dios.

No es una membresía por nacimiento natural, como habéis nacido ciudadanos de un estado. Es aparte del estado. La iglesia es una entidad diferente al estado. Pero venimos a nacer en la iglesia de Cristo. Llegamos a ser miembros de la iglesia por una confesión abierta de nuestra fe en Jesús como nuestro Señor, un miembro de la iglesia regenerada.

Número cuatro: Los artículos característicos, fundamentales de fe de la iglesia que Jesús edificó, tienen una doble coordinación y una doble conmemoración de ordenanzas. “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos”. Dos, no muchas, ni siquiera tres, dos, hay dos órdenes en la iglesia que Jesús edificó [Filipenses 1:1]. En primer lugar, un presbuteros, un episkopos, un poimen, estas tres palabras son intercambiables en el Nuevo Testamento, en la Palabra de Dios, refiriéndose a la misma persona. Presbuteros, traducida como “anciano”, se refiere a la dignidad de su cargo. Episkopos, traducida como “obispo”, se refiere a su misión como oficial presidente de la Iglesia; episkopos significa “supervisor”. Y en tercer lugar se llama poimen, esa es la palabra para el “pastor”. Él es un pastor, y tiene un corazón sensible a las necesidades de su pueblo. Ese es el pastor. El segundo oficial ordenado es el diakonos. En ese momento era una palabra de uso corriente normal para “siervo”. El diakonos, el diaconado, esta es la segunda orden en la iglesia y su responsabilidad es sostener las manos del pastor. Al igual que Aarón y Hur sostenían las manos de Moisés [Éxodo 17:11-13], los diáconos han de sostener las manos del pastor. Cuando hacen esto y tienen un copastor valioso, se convierten en un equipo invencible. Ese es Dios y el Espíritu de Dios en la iglesia, el pastor y sus consagrados, fuertes en la fe y en la obra del Señor. Así está escrito en el tercer capítulo de 1 Timoteo, 1 Timoteo capítulo 3, versículos 1 al 7 habla de las calificaciones del pastor, el anciano, el obispo, los presbíteros, los episkopos, el poimen, y entonces comienzan en el versículo 8 las calificaciones de los diakonos. Esa es la característica de la iglesia que Jesús edificó.

Y tiene dos ordenanzas, no tres, no cinco, dos, solo dos, y son sacramentos, no son instrumentos de la gracia. Representan la verdad del evangelio. Como un cazo da forma y mantiene el agua, estas ordenanzas conforman y sostienen la verdad doctrinal de Jesús nuestro Señor. Si hay alguna anomalía en ellos, la encontraremos a través de su repercusión en la estructura doctrinal de la iglesia. La ordenanza inicial del bautismo es una representación escénica del evangelio. En 1 Corintios 15:1-4, Pablo define el evangelio: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. Este es el bautismo. Porque somos sepultados juntamente con nuestro Señor en la semejanza de su muerte, y somos resucitados con nuestro Señor en la semejanza de su resurrección [Romanos 6:3-5]. El memorial de la Cena del Señor, la ordenanza de la iglesia se repite, es una dramatización del sacrificio expiatorio de nuestro bendito Señor. Este es su cuerpo, partido por nosotros. Y esta es su sangre, el carmesí de su vida, derramada por nosotros [1 Corintios 11:25]. Estos son los grandes bienes de la iglesia. No pertenecen al Congreso, o al gobierno de la ciudad, o a la vida política y la estructura de la población, son las ordenanzas de la iglesia. Pertenecen a la familia de Dios.

La última y quinta gran característica de la iglesia viva en Cristo es que posee una comisión permanente y eterna:

Toda potestad me es dada en el cielo y la tierra. Por tanto id, pues, y matheteuo a todas las naciones, Baptizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y Didasko, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

[Mateo 28:18-20]

Esta es nuestra comisión permanente y eterna: la predicación del evangelio, la evangelización del mundo, bautizando a nuestros convertidos y enseñándoles el camino del Señor. Si usted encuentra una iglesia que Jesús edificó, eso es lo que estará haciendo, fieles cumpliendo la Gran Comisión de nuestro Señor.

Ahora, quiero tomar un momento para que podamos intentar ver cómo Jesús construyó la iglesia, los cinco grandes artículos constitucionales, fundamentales de la fe: Construida sobre la Palabra de Dios, cada uno de nosotros un sumo sacerdote, una membresía de la iglesia regenerada, sus ordenanzas y órdenes y su gran comisión. Si esta es su constitución, hay muchos, muchos estatutos, muchas cosas que la Iglesia hace, cosas preciosas, hermosas, características, cosas habituales. Aquí hay una: Hebreos 10:25: “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”, viniendo con gozo y alegría, alabando a Dios que nos ha elegido y nos ha dado el hermoso privilegio.

“Me alegré cuando me dijeron: ‘Vamos a la iglesia’” [Salmo 122:1]. Vamos a la iglesia, no como una obligación, con ningún sentimiento de coacción, no como una cuestión de deber, es porque me encanta ir. Prefiero ir a la iglesia, sentarme con mis hermanos y hermanas en Cristo, pertenecer a la familia redimida de Dios, cantar sus alabanzas, escuchar las Escrituras, la exposición de la Palabra por el pastor que la ha estudiado y preparado y orar por la conversión de los perdidos. Oh, ¡qué bendición!

Una de las cosas más extrañas que jamás encontré en mi vida es esta: Cuando Martin Lutero tradujo el Nuevo Testamento del griego al alemán, nunca tradujo la palabra ekklesia, ” Kirke “, “iglesia”, ni una sola vez. Él siempre la tradujo como die Gemeinde. En griego diríamos koinoniadie Gemeinde es una palabra secular. Y Martin Lutero, con una inspiración genial difícil de creer, tomó la palabra de la calle, de la cervecería,  de la vida social del pueblo, tomó la palabra die Gemeinde y la utilizó para traducir la palabra ekklesia, “iglesia “. Bueno, ¿qué significa die Gemeinde? ¿Qué significa oikonomia? Es la comunión, es el amor por estar juntos, es justo lo que nuestro corazón nos lleva a amar y ser: compañeros de oración, amigos, colaboradores, compañeros peregrinos en el reino de Cristo. Es algo hermoso, la costumbre de la iglesia.

No tengo tiempo para seguir adelante con las demás cosas: Cómo los elegidos apoyan a la iglesia, dando proporcionalmente y cómo oran. “Hermanos”, Pablo escribió: “oren por mí, oren por mí”, en la primera carta que tenemos escrita, en 1 Tesalonicenses, lo último que dice: “Hermanos míos, oren por mí” [1 Tesalonicenses 5:25]. Nunca he leído algo tan dulce como esto: Spurgeon, el predicador de Londres, dijo a un amigo un día: “Amigo, algún día, cuando el gran Rey te escuche, ¿dirás mi nombre?”

“Oren por mí”. Oramos por los demás, amamos a los demás, animémonos unos a otros, apoyémonos unos a otros. Oh Señor, die Gemeinde, la koinonía, la comunión de la iglesia. Y he dicho, a través de los treinta y ocho años que he estado aquí, que lo último que quiero que hagan por mí, es llevarme a ser sepultado desde la iglesia, no desde la capilla de una funeraria; yo quiero ser enterrado saliendo de la iglesia. Y os veré en la gran resurrección, cuando la iglesia que nunca puede morir se levante en la semejanza de nuestro Señor. Todas las demás relaciones se disuelven, pero esta permanece para siempre. Oremos.

Precioso Señor, qué cosa tan maravillosa hiciste por nosotros, no solo morir por nuestros pecados sino darnos una comunión en la que podemos crecer en tu gracia y abundancia, en tu amor. “Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella” [Efesios 5:25], y Maestro, ser parte de esa santa y sagrada congregación de Dios es nuestro gozo eterno para siempre.