Los Ministros Ordenados de la Iglesia

Los Ministros Ordenados de la Iglesia

April 18th, 1982 @ 8:15 AM

1 Timoteo 3:1-13

LOS MINISTROS ORDENADOS DE LA IGLESIA Dr. W. A. Criswell 1 Timoteo 3:1-13 4-18-82     8:15 a.m.   Os habla el pastor trayendo el mensaje titulado Los Ministros Ordenados De La Iglesia, las órdenes del ministerio cristiano, la familia de ministros que sirven a la iglesia. En...
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1982, 1 Timoteo

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LOS MINISTROS ORDENADOS DE LA IGLESIA

Dr. W. A. Criswell

1 Timoteo 3:1-13

4-18-82     8:15 a.m.

 

Os habla el pastor trayendo el mensaje titulado Los Ministros Ordenados De La Iglesia, las órdenes del ministerio cristiano, la familia de ministros que sirven a la iglesia. En Filipenses 1:1 Pablo escribe: ” Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos”; los dos nombrados junto a los santos, los salvos de Filipos: los obispos y los diáconos. Así que hoy vamos a examinar esta presentación bíblica sobre los ministros ordenados de la iglesia de dos maneras: lo que tienen ambos en común y después las tareas específicas de cada uno.

En primer lugar, ¿qué tienen en común?: En la Biblia encontramos cinco cosas que en común. Número uno: Son líderes de la congregación, de la iglesia. Este es un hecho del Nuevo Testamento: La iglesia debe tener liderazgo y el Espíritu Santo lo provee para su congregación. Cuando se lee una armonía de los evangelios, una armonía de la vida de Cristo, vemos que cuando el Señor en Su ministerio público encontró dificultades, oposición, fue entonces cuando llamó a los apóstoles y les ordenó, los envió y les dio autoridad. La misma condición que provocó, en la sabiduría de nuestro Señor, la ordenación de los apóstoles, es la misma que impone un liderazgo en la iglesia. Vivimos en un mundo secular, no es cristiano. Y como tal, el Señor proporciona un liderazgo ordenado, llamado, apartado, consagrado para la Iglesia: el pastor y el diácono.

Una segunda cosa que tienen en común: Sus cualidades espirituales son muy parecidas. En 1 Timoteo 3, versículos 1 al 13, tenemos los requisitos para el pastor ordenado por Dios y el diácono ordenado por Dios. En el versículo 8 de 1 Timoteo 3, después de que Pablo ha escrito los requisitos para un pastor, comienza en el versículo 8, Hos autos “de la misma manera”, de la misma manera, del mismo modo, “deben ser los diáconos” y entonces él da los requisitos para el diácono, las mismas calificaciones que obtiene un pastor, obtiene el diácono ordenado. Las puedo clasificar en tres: primero, tienen que ser conocidos en público como honestos y dignos. Ambos, tienen que tener una imagen pública de integridad, que de buen testimonio a los de afuera, como Pablo dice. En segundo lugar, tienen que estar comprometidos con lo que Pablo escribe aquí, “los misterios de la fe”. Tienen que estar consagrados y dedicados a la gran verdad revelada a nosotros en la mente, la vida y el ministerio de Cristo. Y en tercer lugar, tener calificaciones domésticas: la poligamia está prohibida, tienen que ser monógamos. Siguen la monogamia, el diácono y el pastor deben ser marido de una sola mujer.

Una tercera clasificación para los dos: no han de ser ordenados a toda prisa. Ambos deben ser ordenados después de juicio y pruebas. En esta carta pastoral del apóstol a Timoteo, 1 Timoteo 5, versículo 22, dice: ” No impongas tacheos las manos”, traducido aquí “con ligereza”: “No impongas tacheos con ligereza las manos a ninguno ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro”. Debe ser probado antes de que sea apartado para su ministerio.

 

Comencé mi trabajo pastoral cuando era un adolescente, y tuve que aprender. En la pequeña iglesia a campo abierto en la que yo era el copastor, nunca tuvimos diáconos. Entonces, leí en la Biblia que una iglesia del Nuevo Testamento debía tener diáconos. Así que traje a la pequeña congregación de dieciocho miembros, la ordenación de los diáconos. Elegimos tres. Cuando llegó el momento de ordenarlos, uno no estaba allí, estaba demasiado borracho como para venir, el segundo tampoco estaba allí, se sentía demasiado triste para venir y llegó el tercero, le ordenamos y en poco tiempo cayó. Dios dice: “No hagas eso”.

En los primeros años de mi ministerio aquí, ordenamos hombres para el ministerio evangélico y nunca más supimos de ellos, no sabemos qué ha sido de ellos. Querían venir a ser ordenados con el fin de poder decir: “Yo fui ordenado por la Primera Iglesia Bautista en Dallas”. Dios dice: “No impongas con ligereza las manos a ninguno”. Luego escribe en el versículo algo que debemos considerar ” ni participes en pecados ajenos”. Bueno, ¿qué tiene eso que ver con la ordenación apresurada de un hombre indigno? Dios nos está diciendo que cuando lo hacemos, lo que el hombre ha hecho, lo hacemos nosotros. Si enseña herejía por error, somos parte de ella, nosotros lo ordenamos. Si él es infiel, somos infieles, nosotros lo ordenamos. Si él no es fiel al Evangelio y yerra, nosotros no somos fieles al Evangelio. “No impongas con ligereza las manos a ninguno ni participes en pecados ajenos”.

En la lectura de la vida de Agustín, una de las oraciones más inusuales que he leído que él rezó, fue esta: “Señor, perdóname los pecados de mis otros hombres”. Bien, cuando leemos esto, no podemos dejar de pensar, ¿qué podía significar?: “¿Señor, perdona los pecados de mis otros hombres?” Entonces, a medida que leemos las Escrituras y pensamos, es evidente: Yo no soy solo culpable de mis propios pecados, sino que soy culpable de los pecados de mis hijos, soy culpable de los pecados de mi iglesia, soy culpable de los pecados de mis vecinos y mis amigos. Todos estamos atados juntos ante el Señor y somos juzgados por el Señor. Como actúa este hombre también es parte de mi responsabilidad.

Una cuarta cosa que tienen en común: Ambos son siervos del Señor y de la Iglesia. Nuestro Señor enseñó: “¿Quién es el mayor de vosotros? Que sea el diakonos, el servidor de todos” [Mateo 23:11]. Los apóstoles, todos ellos, en 2 Corintios, son llamados diakonos, “siervos”. Pablo mismo, varias veces en Efesios y en Colosenses, se refiere a sí mismo como el diácono, el siervo: “Yo, Pablo, el diakonos, el diácono”. Su nombre diakonos, diácono, significa “siervo”. Y el pastor y los apóstoles son diáconos, son llamados “siervos del Señor y de la Iglesia”.

Una quinta y última cosa que tienen en común: Tienen recompensas especiales de la mano del Señor. Aquí dice del diácono: “…porque los que ejerzan bien el diaconado, ganarán para sí un grado honroso y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús”. Entonces hay grados en el cielo. Este no es el único pasaje que se refiere a eso, no todo el mundo va a ser igual en el cielo. Hay grados en el cielo y la recompensa de un diácono fiel es que en esta vida, en esta iglesia, tienen un lugar, un título de honor y la aceptación y el respeto, pero también se hace referencia a la vida futura en el cielo. Pablo escribió en 1 Corintios capítulo 3, los hombres construyen sobre el fundamento de su salvación, a veces un maravilloso edificio de oro, plata y piedras preciosas, y algunos construyen con “madera, heno y hojarasca”. En el gran día del juicio, el trabajo de cada hombre será probado por el fuego y, si su obra permanece, recibirá una recompensa; si se quema, no tendrá nada. Será salvo “como por fuego”, es decir, como si estuviera desnudo, sin nada, sin siquiera ropa, huyendo de una casa en llamas [1 Corintios 3:12-15]. Nunca te convenzas a ti mismo de que el cielo va a ser soso, sin niveles, sin diferenciación, va a ser muy distinto para diferentes personas. Lo mismo sucede con el diácono: El diácono digno tendrá un grado alto y maravilloso en el cielo, una recompensa.

Y lo mismo con el pastor: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros”, escribe Pedro en 1 Pedro 5:1, “yo, anciano también con ellos y testigo de los padecimientos de Cristo…” y a continuación, habla de su ministerio pastoral, luego de su supervisión y entonces viene la palabra: ” Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”. El pastor que es digno, que hace estas cosas que Pedro escribe en el capítulo 5, recibirá la corona de gloria. Hay cinco coronas de las que se habla en la Biblia: La corona de la victoria, la corona del ganador de almas, la corona del martirio, la corona del advenimiento – los que aman su venida – y la corona del pastor. Y un pastor fiel recibirá una corona de gloria en el cielo. Estas son las cosas que los dos ministros ordenados en la Iglesia tienen en común.

Ahora vamos a mirar a sus asignaciones únicas: En primer lugar las del pastor, luego las del diácono. Hay tres palabras en el Nuevo Testamento que se refieren al ministerio de lo que llamamos un “pastor.” Una es presbuteros, la segunda es episkopos y la tercera es poimen. Las tres se utilizan indistintamente, son tres palabras diferentes que se refieren al mismo ministerio. Por ejemplo, en Tito 1:5 y 6, nos fijamos en esto: “Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieras lo deficiente y establecieras ancianos en cada ciudad…

-Establecer ancianos en cada ciudad.- Ahora veamos el versículo 6: “El obispo debe ser irreprochable…”

Una y otra vez, los requisitos de un obispo. Bueno, él lo acaba de llamar “anciano.” Luego, en este versículo, lo llama “obispo”. Después, en el quinto capítulo de Pedro, se le llama “pastor” y lo mismo en Efesios. Las tres palabras se refieren al mismo ministerio: un presbuteros, un episkopos y un poimen. Ahora, esas tres palabras tienen un significado profundo. Número uno, presbuteros, el pastor es el presbuteros: la palabra presbiteriana viene de aquí, presbuteros. El pastor es el presbuteros de la Iglesia. Presbuteros significa “viejo”, ” uno más mayor”. Viene del trasfondo de la historia hebrea, un patriarca, y se refiere a la reverencia, el respeto y la devoción que la Iglesia tiene por su pastor, su presbuteros. Este es uno de los signos de una gran iglesia. He sido presbuteros más de medio siglo, y os diré algo que he observado: Allí donde hay una iglesia que respeta, reverencia y ama a su pastor; esa es una gran congregación, puede ser muy pequeña, pero es un gran pueblo. La otra cara de esto no es menos cierta: Allí donde hay una iglesia que mira a su pastor como un mercenario, un asalariado, es una congregación débil, anémica y sin bendición. Podría decirle a cualquier iglesia en cualquier parte del mundo: “Si usted tiene un pastor que no le gusta, ore por él, interceda por él, pídale a Dios que lo bendiga. Y Dios contestará la oración y lo hará un pastor tan maravilloso y un predicador tan glorioso que otra iglesia lo llamará y lo llevará fuera de sus manos”.

Él es también el episkopos, es el obispo de la iglesia. Episkopos es una palabra griega muy sencilla: Epi significa “sobre” o ” más “; skopos se refiere a mirar. Así que el episkopos es el que supervisa, el que supervisa toda la congregación.

Ahora bien, en la Biblia—no me lo invento—se refiere continuamente como “el gobernante” de la iglesia. Por ejemplo, en 1 Timoteo 3, versículo 4, este hombre que es su episkopostiene que ser uno “que gobierne bien su casa, pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo” epimeleomai, traducido aquí “cuidará de la iglesia de Dios?” ¿Cómo va a hacerse cargo de ella, será responsable de la misma, si no sabe gobernar? Bueno, miremos de nuevo en el capítulo 5 de 1 Timoteo: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor” [versículo 17]. Y cuando me dirijo al capítulo 13, el último capítulo del libro de Hebreos, tres veces en este capítulo se hace referencia al pastor, al obispo, al presbuteros, al anciano, como “el gobernador de la iglesia”. Ahora en el capítulo 13, versículo 7, de Hebreos: ” Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios… ” el predicador. Veamos de nuevo en el versículo 17: “Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta”. Y el último, el versículo 24: “Saludad a todos vuestros pastores y a todos los santos”. Hay un líder de la iglesia, muy definitivamente apartado por el Señor, por el Espíritu de Dios. Y ese obispo, ese episkopos en la iglesia, es el gobernante de la congregación de Jehová.

Ahora hay algo más que la Biblia dice acerca de ese obispo, acerca de ese presbuteros, de ese pastor. En 1 Timoteo 5, versículo 17 y 18, Pablo escribe:

“Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar, pues la Escritura dice: «No pondrás bozal al buey que trilla» y «Digno es el obrero de su salario».

Echemos un vistazo a eso. Esto está muy bien traducido, pero echemos un vistazo a lo que Pablo escribió que: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de…”, traducido aquí “doble honor” diples – doble, dos veces esa es una buena traducción “doble”. Ahora, time tiene dos significados. El primer significado es “remuneración”, los salarios, el precio pagado por algo, su segundo significado es “honor y estima”. Pues bien, ¿a cuál de esos significados se está haciendo referencia aquí? El siguiente versículo lo describe así: Que ese obispo, ese anciano, que lo hace bien, sea considerado digno de salario doble, doble remuneración. Pues la Escritura dice: “No pondrás bozal al buey que trilla, y digno es el obrero de su salario, misthos, salarios”.

También dice otra cosa: ” Contra un anciano no admitas acusación si no está apoyada por dos o tres testigos” [1 Timoteo 5:19]. No se debe criticar al pastor. ¿Cuántas veces la gente vuelve a casa y tienen “predicador asado” para comer? Dios dice que no hagamos eso. Si tenemos algo que decir acerca del pastor que sea acusatorio o condenatorio, debemos hacerlo ante dos o tres testigos que lo miren y lo vean. Ah, la actitud de la iglesia hacia su pastor hace a la iglesia en sí misma.

También es llamado “el pastor”, que es la palabra que usamos, no episkopos, obispo. Aunque he sido pastor en iglesias donde he sido llamado “anciano ” no presbuteros, sino poimen – un anciano, un pastor.

Creo que una de las frases más hermosas que he oído en mi vida fue dicha por el Dr. Truett. Cuando la Universidad de Baylor le pidió al pastor de esta iglesia que fuera presidente de la Universidad, el Dr. Truett respondió con una frase que yo digo es una de las más hermosas que he escuchado. Él dijo al comité que representaba a la universidad, cuando negó la invitación: “He buscado y he encontrado el corazón del pastor”. ¡Eso es genial!  “He buscado y he encontrado el corazón del pastor”.

Ahora, debemos concluir. El diácono, hay tantas cosas que decir sobre el diácono. Una de ellas es su origen histórico. En el sexto capítulo del libro de los Hechos, está la historia de los comienzos del ministerio de diácono. Hechos capítulo 6 [versículo 1]: ” En aquellos días, como crecía el número de los discípulos, hubo murmuración, goggusmos”. “Hubo goggusmos“, están teniendo problemas en la iglesia. Y ahí es donde el diácono viene: Ha de velar porque no haya problemas en la iglesia, que las cosas funcionen maravillosamente.

La segunda, se dice que están para aliviar a los apóstoles, que llamamos  “pastores”, de todos los detalles que hacen a la iglesia hermosa y feliz. “Hombres de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo, chreia”. Veinticinco veces se traduce esta palabra por “necesidades”, solo aquí se traduce como “trabajo”. Hay que cuidar de las necesidades de la iglesia y han de ser hombres llenos de fe y del Espíritu Santo, y de una sabiduría que viene de Dios. Si usted tiene un pastor al que puede amar y reverenciar, si tiene un diácono para sostener sus manos, usted posee un equipo invencible. Dios lo bendice a usted y a la congregación. A Dios le agrada que un hombre, una mujer, se dedique a sí mismo, a sí misma para Jehová y para andar en la luz de la bendición de nuestro amado Salvador. Cuando haces eso, Dios hace algo maravilloso en la iglesia.

Nuestro Señor, hay tantas cosas maravillosas que Dios nos dice en Su inspirada y sagrada Palabra. Si atendemos a la voz de Dios, ¡cómo trabaja el Espíritu del Señor en nosotros, en increíble derramamiento de gracia y poder el Espíritu nos bendice!